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Cormac McCarthy en 7 libros

Cormac McCarthy, fallecido el martes a los 89 años, era famoso por sus novelas crudas y violentas sobre el sur y el oeste de Estados Unidos, caracterizadas por una visión despiadada y una prosa casi bíblica. Desde el principio, su escritura suscitó comparaciones con novelistas tan distintos como William Faulkner y Mark Twain, pero los temas que trataba siempre fueron muy suyos: la justicia, la desesperación, la fútil pero urgente necesidad de esperanza en un mundo decadente.

La descripción que Jerome Charyn hace de Suttree, en su reseña publicada en el Times en 1979, bien podría referirse a cualquiera de las novelas de McCarthy. “El libro llega a nosotros como una inundación horripilante. El lenguaje lame, golpea, hiere: un poético y atribulado torrente de escombros”, escribió Charyn. “Es personal y duro, sin esa aburrida pulcritud y afán de resolución que puede tener cualquier novela bien hecha. Cormac McCarthy no tiene piedad, ni con sus personajes ni consigo mismo… Suttree es como un buen y prolongado grito en el oído”.

A continuación, presentamos las siete novelas que constituyen lo mejor de la obra de McCarthy.

Muchos académicos la consideran como la mejor novela sureña de McCarthy. Recorre la vida del personaje que le da nombre al título, a orillas del río Tennessee, con el espíritu de un “Huckleberry Finn condenado”, como escribió el Times sobre el libro. Tras dejar atrás una vida de privilegios, Suttree pasa los días pescando, rastreando los bajos fondos de Knoxville y mezclándose con borrachos, estafadores e inadaptados. Sus intentos de conectar de forma más significativa con los demás acaban invariablemente en desastre. Con casi 500 páginas, esta saga picaresca es la novela más larga de McCarthy (y quizá la más autobiográfica) y refleja la cumbre de su humor sardónico.

Esta epopeya abrasada es considerada la obra maestra de McCarthy, un relato desafiante (algunos dirían impenetrable) y sobrecogedoramente violento sobre un vagabundo adolescente conocido como “el chico”, que a mediados del siglo XIX atraviesa el sur de Estados Unidos y se adentra en México. Por el camino, se une a la psicótica banda de los Glanton, cazadores de cabelleras que en un principio se dedicaban a repeler los ataques apaches, pero que luego se dedicaron a asesinar indiscriminadamente a casi todos los indios y mexicanos que encontraban. Los temas medulares de la novela —el destino manifiesto, el triunfo del nihilismo sobre la moral— se complementan con imágenes indelebles y frases tan extensas como el cielo del desierto.

Esta primera entrega de la trilogía fronteriza de McCarthy —que incluye En la frontera (1994) y Ciudades de la llanura (1998)— fue su novela revelación, desde el punto de vista comercial. Cuenta la historia de un chico de 16 años que viaja a México con un amigo tras ser expulsado del rancho de Texas donde creció. Posee una cualidad elegíaca y una franqueza de la que carecía su ficción previa, más cruda. Es una novela conmovedora, sin ser sentimental, que se enfoca en la conciencia humana, el paisaje, los caballos y los desplazamientos que implicó la expansión de Estados Unidos hacia el oeste.

La novela de McCarthy fue convertida en una película inolvidable de los hermanos Coen, pero hay que dejar eso a un lado: vale la pena volver a leer el libro que es una obra de valentía narrativa. Trata sobre un negocio de drogas que sale mal y un tipo normal que encuentra más de dos millones de dólares en un bolso de piel. También trata del meditabundo sheriff de un pueblo y de Anton Chigurh, un brutal asesino que despacha a sus víctimas con una pistola neumática para ganado. No es país para viejos, espeluznante, lírica y ágil, es una sangrienta meditación sobre la violencia que el ser humano ejerce sobre el ser humano. Es la lectura más compulsiva de McCarthy.

Esta melancólica novela posapocalíptica narra el viaje de un padre y su hijo luego de un cataclismo indeterminado. Aunque se enfrentan a un horror tras otro, la novela también es desgarradora por su humanidad. “Mi deber es cuidar de ti”, le dice el hombre al niño. “Dios me asignó esa tarea. Mataré a cualquiera que te ponga la mano encima”. Al final de la novela, parece que el padre también podría morir. Esta novela breve, galardonada con el Pulitzer, es tan humana como desgarradora.

Dieciséis años después de La carretera, McCarthy publicó dos novelas muy distintas a todo lo que había publicado hasta ese entonces. Las obras, entrelazadas, exploran arcanos campos de estudio científicos y metafísicos con los que McCarthy había estado obsesionado durante mucho tiempo: la física cuántica, la filosofía de las matemáticas y las teorías sobre la naturaleza de la conciencia. En El pasajero, McCarthy cuenta la trágica historia de Bobby Western, un buzo de salvamento, atormentado por la pérdida de su hermana Alicia, una bella y atribulada genia de las matemáticas que se suicidó.

La novela complementaria, Stella Maris, se centra en Alicia y es una narración que se desarrolla como un diálogo entre la protagonista y sus médicos en un hospital psiquiátrico de Wisconsin en 1972. En sus conversaciones, Alicia revela cómo su búsqueda de teorías matemáticas revolucionarias hizo que se cuestionara la naturaleza de la realidad y la llevó a la locura. “Leer Stella Maris después de El pasajero es como intentar aferrarse a un sueño”, escribió Dwight Garner, crítico del Times. “Es un sueño inquietante, sintonizado con la estática del universo”.

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