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Ksenia Sobchak, la influencer rusa que aconseja no oponerse a la guerra

Cuando baja del Maserati que le prestaron en la costa mediterránea del sur de España, Ksenia Sobchak quiere decirle esto al mundo: en Rusia, es inútil luchar por un cambio.

“No hay resistencia, ni puede haberla”, comentó. “Esto tienen que entenderlo”.

Sobchak puede ofrecer amplias pruebas para sustentar su pesimismo: miles de rusos han sido arrestados por protestar contra la guerra. Cientos de periodistas viven en el exilio. Los líderes de la oposición cumplen sentencias de varios años en prisión.

Todos estos sacrificios no han podido detener la invasión del presidente Vladimir Putin a Ucrania y, desde la perspectiva de Sobchak, estos intentos infructuosos solo le dan más peso a su mensaje: los rusos liberales deben encontrar maneras de vivir con la guerra de Putin porque no hay nada que puedan hacer al respecto.

Sobchak es una de las personalidades mediáticas más conocidas que sigue viviendo en Rusia y la hija de uno de los primeros mentores políticos de Putin. Es capaz de comunicar ampliamente su mensaje a los rusos para que se limiten a sobrellevar la guerra, pese a que su postura también la ha hecho sumamente impopular entre dos grupos muy diferentes.

Sobchak, una expresentadora de programas de telerrealidad de 41 años que se convirtió en periodista y política liberal, es vilipendiada por muchos activistas de la oposición que la consideran una marioneta del Kremlin y por los defensores acérrimos de la guerra, quienes la acusan de ser desleal.

Pero también es una figura totémica de la era de Putin: una celebridad influente y una empresaria de los medios cuyo ascenso ha coincidido con la aceptación del retroceso de la democracia a manos de Putin —y ahora de su guerra— por sectores de la élite urbana con inclinación por Occidente.

Su historia ayuda a esclarecer algunos de los debates centrales que tienen lugar acerca de Rusia en época de guerra. Dado el aparato de represión de Putin, ¿es adecuado esperar que los rusos busquen maneras de oponerse? ¿Se puede condenar a los millones de rusos que se oponen a la guerra, pero que no pueden o no quieren emigrar, por tratar de adaptarse al sistema de Putin y buscar una sensación de normalidad?

En 2018, Sobchak fue candidata a la presidencia y advirtió que sería una “tragedia” que reeligieran a Putin, pero también exhortó a la población a no “satanizarlo”. Ahora dice que se opone a la invasión de Ucrania, pero en sus populares cuentas en redes sociales compara la invasión con un desastre natural: algo que se tiene que aguantar y no una alternativa política que se puede cuestionar.

“Putin tomó una decisión muy clara y concreta”, señaló Sobchak en una entrevista reciente durante sus vacaciones en un centro turístico de la costa española. “En algún momento tenemos que aceptar que no podemos tener ninguna influencia en ello”.

No obstante, para sus críticos, la declaración de impotencia de Sobchak suena falsa.

Putin la conoce desde que él era un burócrata en la década de 1990 cuando trabajaba para su difunto padre, Anatoly Sobchak, quien entonces era alcalde de San Petersburgo y el político defensor de la democracia que lanzó la carrera política de Putin. Su madre es miembro del parlamento ruso; su esposo, es un director del teatro estatal y tiene una columna en uno de los principales medios de propaganda del gobierno en internet.

Sin embargo, Ksenia Sobchak dijo que no ha visto a Putin desde que comenzó la guerra y no ha intentado hablar con él sobre la invasión, sino que más bien ha aprendido a soportar la guerra y dice que intenta ayudar a sus compatriotas a hacer lo mismo.

En su cuenta de Instagram, la cual tiene 9,5 millones de seguidores, recorre una de las aceras de Moscú mostrando su combinación de una bolsa vintage de Chanel con un vestido de diseñador ruso. En su canal de YouTube, en el que publica entrevistas con celebridades, una estrella de la telerrealidad confiesa que la invasión hizo que perdiera su libido. En la aplicación de mensajería Telegram, Sobchak y su equipo solicitan ayuda para los residentes de las regiones fronterizas de Rusia que han sido desplazados por los bombardeos ucranianos.

“Creo que esta es una situación horrible”, dice ella. “Pero vamos a superar este momento, lo superaremos junto a nuestra audiencia”.

Ella dice que su principal fuente de ingresos es organizar eventos como fiestas de cumpleaños y bodas. También vende patrocinios en su canal de YouTube.

Para sus defensores, Sobchak está haciendo un servicio pese a su postura comprometedora al ofrecer alternativas a la televisión estatal en plataformas que siguen estando accesibles en internet en Rusia.

Su canal de YouTube también presenta entrevistas con detractores de la guerra. Su equipo de periodistas publica con frecuencia actualizaciones de las noticias en Telegram con historias que los medios estatales de Rusia tienden a omitir: arrestos de activistas que se oponen a la guerra, violencia producida por soldados que regresan del frente y violaciones a los derechos humanos en la región sur de Chechenia.

La guerra también ha amplificado la posición de Sobchak como un contraste destacado de Alexéi Navalni, el líder de oposición que está en la cárcel desde 2021.

En 2018, a Navalni no se le permitió participar en las elecciones presidenciales de Rusia, pero el Kremlin le permitió a Sobchak postularse, cosa que le brindó un viso de pluralismo a las votaciones que le dieron a Putin un cuarto periodo en la presidencia.

Los seguidores de Navalni alegan que Sobchak debería recibir sanciones de Occidente y la ven como un instrumento de propaganda del Kremlin dirigido a los rusos liberales desalentados por la bravuconería belicista que se ve en la televisión estatal. Maria Pevchikh, la presidenta exiliada de la Fundación Anticorrupción de Navalni, mencionó que Sobchak está “sembrando en la gente la sensación de no poder defenderse”.

“Este es un mensaje muy malo y aterrador”, dijo Pevchikh en una entrevista telefónica. “Realmente resuena entre su público porque la gente encuentra un poco de consuelo cuando le dicen ‘No hay nada que se pueda hacer’”.

Sobchak niega que trabaja para el Kremlin y considera equivocados e inmorales los llamados del extranjero para que los rusos se opongan a la guerra. La sublevación fallida de junio a cargo del jefe militar Yevgueny Prigozhin subraya el hecho de que cualquier cosa que venga después de Putin podría ser peor.

“¿De dónde surgió la idea de que después de Putin llegaría la ‘hermosa Rusia del futuro’?”, preguntó, usando una frase popularizada por Navalni.

Sobchak se hizo famosa como presentadora de telerrealidad a principios de la década del año 2000 y luego se unió a las manifestaciones en las calles de Moscú por el fraude electoral de 2011. Después de las elecciones de 2018, en las cuales quedó en cuarto lugar, inició una carrera como periodista e influente de estilo de vida.

Ella dice que vio a Putin por última vez en su conferencia de prensa anual en diciembre de 2021, cuando los funcionarios estadounidenses ya estaban advirtiendo de una invasión. En lugar de preguntarle sobre la posibilidad de una guerra, Sobchak lo cuestionó sobre la tortura en prisión. Tratando de ubicarla entre la multitud, Putin se refirió a Sobchak con el informal ruso “tú”, indicando que la conocía bien.

Al igual que muchos rusos, Sobchak descartó la posibilidad de que Rusia invadiera Ucrania. El 16 de febrero de 2022 escribió que “Putin parecía un político decente y maduro” en el contexto de “la histeria en los periódicos estadounidenses”. Cuando Rusia atacó el 24 de febrero, publicó un cuadro negro en Instagram y escribió “Ahora todos estamos atrapados en esta situación. No hay salida”.

En las semanas que siguieron, el Kremlin impuso el cierre de la mayoría de los medios independientes rusos que quedaban y cientos de periodistas huyeron del país por temor a ser arrestados bajo una nueva ley de censura en tiempos de guerra. Sobchak comentó que lloraba y se despertaba aterrorizada en las noches.

Pero no emigró. Hacerlo habría significado convertirse en una extraña en un país extranjero “obligada a censurar y culpar a su propio país y a disculparse en nombre de este”.

En cambio, declaró que haría lo que pudiese para seguir ofreciendo contenidos desde el interior de Rusia, incluso si eso significaba dejar de lado algunos temas sensibles. Cuando se le preguntó en la entrevista realizada en España sobre sus sentimientos hacia Putin, nos dijo “como trabajo en Rusia, prefiero no hablar sobre mi actitud hacia la gente que tiene todo el poder en mi país”.

En su canal de YouTube, Sobchak le dijo a su público en febrero: “Decidimos quedarnos aquí, pero también obedecer las leyes”. Y añadió: “hay algunas cosas que no puedo decir de manera directa y otras que, por desgracia, no puedo decir para nada”.

También se ha volcado cada vez más contra los gobiernos occidentales y contra los rusos en el exilio. Según ella, ambos grupos ignoran la difícil situación de los rusos que están contra la guerra y se han quedado ahí. También acusa a los líderes de Occidente de usar la guerra para obtener ventajas geopolíticas en vez de negociar un acuerdo para detener las muertes.

“Las vidas de las personas solo son instrumentos de negociación para obtener mejores posiciones”, aseveró. “Es algo monstruoso y terrible. Es el colmo del cinismo”.

En octubre pasado, Sobchak huyó de Rusia por poco tiempo cuando tres empleados de su empresa de medios fueron arrestados por sospecha de extorsión. Por un momento, parecía que incluso quienes eran cercanos a Putin podían ser objeto de represión. Pero después de dos semanas, Sobchak regresó y se disculpó públicamente con el aliado de Putin a quien sus empleados fueron acusados de extorsionar. Sobchak mencionó que ofreció disculpas “por el bien de los chicos” y que ella sigue “peleando por la libertad de ellos”.

Desde su lugar de vacaciones en España, cerca de la marina de Puerto Banús, que es muy popular entre los rusos millonarios, Sobchak reconoció que le preocupaba ser objeto de las sanciones de Occidente, pero también ser perseguida en Rusia por su postura en contra de la guerra. No obstante, tiene la esperanza de evitar ambos destinos.

“La gente nace para tener una vida tranquila y feliz”, señaló Sobchak. “No todos nacen para ser héroes”.

Anton Troianovski es el jefe de la corresponsalía de Moscú para The New York Times. Antes fue el jefe de la corresponsalía de The Washington Post en Moscú y pasó nueve años con The Wall Street Journal en Berlín y en Nueva York. Más de Anton Troianovski.


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