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Mitos sobre las infecciones urinarias

Más de la mitad de las mujeres en Estados Unidos contraerá alguna infección del tracto urinario en el transcurso de su vida. (A diferencia de más o menos el 14 por ciento de los varones). Aunque estas infecciones son usuales, casi siempre se trata de una experiencia plagada de frustración y estigma, señaló Kalpana Gupta, profesora de la Escuela de Medicina Chobanian & Avedisian de la Universidad de Boston que realiza investigaciones en los pacientes con infecciones del tracto urinario (ITU). Estos pacientes “sienten cierta responsabilidad personal”, comentó. “Como si estuvieran haciendo algo mal”.

En la mayoría de los casos, las ITU (conocidas como cistitis bacterianas) en realidad no tienen mucha correlación con algún comportamiento personal, aseveró. La razón principal de que las infecciones urinarias sean más comunes en las mujeres es que su uretra es más corta que la de los varones, lo que les facilita a las bacterias llegar al tracto urinario; en un hombre, una infección del tracto urinario casi habitualmente forma parte de un problema de salud más amplio, explicó Gupta.

Una enorme mayoría de casos de ITU es provocada por la bacteria E. Coli, la cual vive en el intestino y a veces se encuentra en el perineo. “No hemos descubierto al cien por ciento” cómo y en qué circunstancias la bacteria migra a la uretra e infecta el tracto urinario, comentó la investigadora.

Muchas de las ideas equivocadas sobre las infecciones del tracto urinario surgen porque hay pocas investigaciones de calidad sobre el tema, mencionó Ja-Hong Kim, uróloga del Departamento de Salud de la Universidad de California en Los Ángeles. Estas son algunas de las preguntas más comunes que los pacientes les hacen a los especialistas.

Es posible. Una ITU puede ocurrir en cualquier parte del tracto urinario, lo que incluye la uretra, la vejiga, los riñones y, en los varones, la próstata, explicó Kim. Para que un problema sea considerado como una infección del tracto urinario, el paciente debe presentar ciertos síntomas y haberse confirmado la existencia de bacterias en su orina.

Muchos de los síntomas más conocidos, como el ardor y la sensación constante de querer ir al baño, “se conocen gracias a estudios que se realizan en mujeres adultas jóvenes en edad universitaria que, si no fuera por eso, estarían sanas”, señaló Gupta. Pero en realidad los síntomas pueden variar.

En los adultos mayores, las infecciones del tracto urinario pueden venir acompañadas de fiebre o dar una sensación de saciedad, explicó. Algunos pacientes presentan dolor en la parte inferior de la espalda, lo cual indica que la ITU podría estar en los riñones, cosa que haría que se tratara de un caso más grave que pudiera dar lugar a una sepsis y a un daño renal, aunque esos desenlaces son “muy muy raros”, afirmó Kim.

No necesariamente. A las mujeres casi siempre se les aconseja que orinen antes y después de tener relaciones sexuales para expulsar cualquier bacteria, pero esa práctica no se basa en ninguna prueba, señaló Benjamin Bricker, director de uroginecología en el Centro Médico Langone de la Universidad de Nueva York. “Yo no dispongo de ningún estudio para citar que diga que orinar antes o después de tener relaciones disminuye el riesgo de infección”, mencionó.

Sin embargo, de manera anecdótica, es posible que eso les funcione a algunas mujeres, añadió.

La hipótesis más común sobre la relación entre el sexo y las infecciones del tracto urinario es que, durante las relaciones sexuales con penetración, las bacterias de la piel del perineo son empujadas dentro de la uretra, lo cual puede originar una ITU, aseveró Gupta. Otra es que algunos productos, como los espermicidas, cambian la microbiota de la vagina y pueden generar un entorno en el que las bacterias proliferen y migren hacia la uretra. Pero algunas mujeres raramente desarrollan una infección del tracto urinario con una mayor actividad sexual, aunque no orinen ni antes ni después.

Es frecuente que los médicos les digan a las mujeres que la higiene —por ejemplo, hacerse la limpieza de adelante hacia atrás, no usar un traje de baño mojado durante mucho tiempo y evitar la ropa interior muy ajustada— puede disminuir el riesgo de desarrollar una ITU. La lógica se basa en que realizar la limpieza de adelante hacia atrás reduce las posibilidades de que las bacterias de la materia fecal sean empujadas dentro de la uretra y que un traje de baño mojado o la ropa interior ajustada irriten la zona de la vagina.

Gupta mencionó que esas prácticas no hacen daño, pero tampoco se basan en pruebas científicas y añadió que brindar ese tipo de recomendaciones en el contexto de una infección del tracto urinario puede terminar por provocar que las mujeres se vuelvan obsesivas con su limpieza.

“La conclusión es que el riesgo de contraer una ITU no se relaciona con lo bien que nos bañemos” ni con un traje de baño ni con nuestra elección de la ropa, afirmó.

No siempre. “Imagina que te rasguñaste con un árbol cuando te fuiste de excursión y el rasguño se enrojeció un poco. Como tu cuerpo puede combatir esas bacterias, no es necesario que tomes antibióticos”, señaló Brucker. “Las infecciones del tracto urinario son provocadas por una bacteria como cualquier otra”, y muchos pacientes sanos y jóvenes descubren que el cuerpo, al final, es capaz de expulsar las bacterias por sí mismo. Aunque los antibióticos forman parte del protocolo de rutina, vale la pena realizar primero un cultivo, el cual tarda algún tiempo, para determinar cuál es el mejor tratamiento médico, explicó.

En los casos leves, una buena hidratación puede ayudar a que el cuerpo elimine la infección, comentó Brucker. Hay algunos analgésicos que se venden sin receta como Tylenol, Ibuprofeno y Azo que pueden ayudar a disminuir las molestias mientras el cuerpo realiza su trabajo.

Algunas investigaciones publicadas en abril revelaron que tal vez haya cierta verdad en la antigua idea de que los arándanos rojos pueden prevenir las infecciones del tracto urinario. En un metaanálisis de 50 ensayos de control aleatorios, los productos de arándano —jugo, tabletas o cápsulas— redujeron el riesgo de que las mujeres que presentaban infecciones recurrentes, los niños con ITU y las personas susceptibles a ellas volvieran a desarrollarlas, pero no otros grupos, como los varones mayores o las mujeres embarazadas.

En el caso de las mujeres menopáusicas, los niveles decrecientes de hormonas pueden modificar el entorno de la vagina y aumentar el riesgo de desarrollar infecciones del tracto urinario. En ese escenario, los estrógenos vaginales pueden ser “un modo excelente” de prevenir las infecciones, comentó Brucker.

Alisha Haridasani Gupta es reportera de la sección Well, enfocada en la salud de las mujeres, las desigualdades en salud y las tendencias en medicina funcional y bienestar. Anteriormente escribió el boletín In Her Words, donde cubrió política, negocios, tecnología, salud y cultura con perspectiva de género.

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