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El héroe de ‘Hotel Rwanda’ fue liberado. Así se logró

El líder ruandés se mostró combativo en diciembre cuando, en una visita a Washington, le preguntaron por el preso político más famoso de su país y su enemigo personal.

Ninguna presión estadounidense podría “intimidar” a Ruanda, dijo el presidente Paul Kagame, al referirse a la liberación de Paul Rusesabagina, el hotelero cuyo heroísmo durante el genocidio de 1994 inspiró la película Hotel Rwanda.

“Tal vez puedan inventar una invasión y ocupar el país; pueden hacer eso”, añadió con brusquedad, en un evento durante la Cumbre Estados Unidos-África organizada por el gobierno de Joe Biden para líderes de todo el continente.

Sin embargo, a primeras horas de la mañana siguiente, uno de los principales asesores de Kagame se reunió en secreto con el asesor de seguridad nacional del presidente Biden, Jake Sullivan, para discutir las condiciones de una posible liberación.

Fue un paso clave en una labor compleja y secreta para liberar a Rusesabagina, que culminó el 29 de marzo con su regreso a Estados Unidos, donde se reunió entre llantos con su familia en una base del ejército estadounidense en Texas.

“Todos nos desmoronamos cuando lo vimos”, dijo en una entrevista su hija, Anaïse Kanimba, de 31 años.

La liberación de Rusesabagina, un disidente de 68 años y residente permanente en Estados Unidos, no solo fue un triunfo de una diplomacia paciente y sigilosa. También resolvió una carga creciente en la relación de Washington con un pequeño pero importante aliado africano que juega por encima de sus capacidades en el continente y al que se le acusa de avivar un conflicto en el este del Congo que podría estallar en una guerra regional.

La difícil situación de Rusesabagina también presentó un desafío delicado para Estados Unidos mientras intenta recomponer sus relaciones con los países africanos para contrarrestar la creciente influencia china y rusa en el continente.

Esto ha implicado estrechar lazos con líderes como Kagame, un dirigente autoritario e irritable cuyo régimen represivo y que no admite disidencias —una tendencia que el caso de Rusesabagina ha llegado a simbolizar— ha eclipsado los logros en la reconstrucción de Ruanda tras el genocidio.

Josh Geltzer, asesor adjunto de seguridad nacional de Biden, describió las conversaciones de meses sobre Rusesabagina como una labor para superar una “verdadera molestia bilateral” y un “estado de cosas inaceptable”.

Sin embargo, algunos funcionarios estadounidenses no siempre estuvieron convencidos de que debían rescatar al prisionero ruandés.

Rusesabagina fue aclamado en todo el mundo después del estreno de Hotel Rwanda en 2004, la cual lo presentó como el salvador de más de 1200 personas en el hotel de lujo que dirigía durante el genocidio.

No obstante, en Ruanda, las críticas directas de Rusesabagina hacia Kagame le llevaron al exilio en Bélgica y luego en Estados Unidos.

Rusesabagina desapareció en agosto de 2020, días después de salir de su casa de Texas en lo que él creía que era un viaje a Burundi. Agentes ruandeses lo engañaron para que abordara un avión privado que lo llevó a la capital ruandesa, Kigali, donde fue detenido, acusado de terrorismo y, tras lo que los expertos jurídicos calificaron de un juicio profundamente viciado, sentenciado a 25 años de cárcel.

Su familia hizo una intensa campaña a favor de su liberación con la ayuda de celebridades como Don Cheadle, el actor que interpretó a Rusesabagina en Hotel Rwanda, y Scarlett Johansson. Sin embargo, el Departamento de Estado tardó en aceptar su causa, en parte por su condición de ciudadano no estadounidense y también por la naturaleza turbia de las acusaciones ruandesas de que había financiado a un grupo armado que había matado a civiles, según declaró un funcionario estadounidense bajo la condición de permanecer en el anonimato para hablar de las deliberaciones internas.

No obstante, poderosos senadores estadounidenses de los dos partidos se ocuparon del caso de Rusesabagina, entre ellos Patrick Leahy, demócrata de Vermont, y Jim Risch, republicano de Idaho, el miembro de más alto rango de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado. Tras escribir cartas y, en cierto momento, reteniendo 90 millones de dólares de ayuda a Ruanda, los senadores presionaron al gobierno para que ayudara.

Estos obtuvieron resultados en mayo de 2022, seis semanas después de finalizado el proceso de apelación ante el tribunal, cuando el Departamento de Estado declaró formalmente que Rusesabagina estaba “detenido de manera ilegal”, un estatus que disparó su caso a la lista de prioridades del gobierno. Sin embargo, los esfuerzos de inmediato se toparon con dificultades.

Ese mismo día, el general Stephen J. Townsend, comandante de las fuerzas estadounidenses en África, voló a Kigali, donde fue fotografiado junto a un sonriente Kagame. Los simpatizantes de Rusesabagina se enfurecieron al enterarse de que Townsend ni siquiera le había planteado el caso al presidente ruandés, una señal de que las prioridades de Estados Unidos en Ruanda estaban en conflicto, según algunos senadores.

La familia de Rusesabagina aumentó la presión sobre Ruanda al presentar una demanda por 400 millones de dólares en un tribunal estadounidense en la que se nombraba a Kagame. El líder ruandés también estaba siendo objeto de escrutinio de Occidente por los vínculos de su país con el M23, un grupo rebelde del este del Congo que estaba sumiendo a la región en el caos. Kagame negó cualquier tipo de vínculo, pero las relaciones con Estados Unidos estaban cada vez más tensas, una crisis que constituyó el telón de fondo de una visita del secretario de Estado, Antony Blinken, a Ruanda en agosto.

Blinken presionó a Kagame sobre Rusesabagina, una señal inequívoca de que el caso se había convertido en una prioridad estadounidense. Cuatro días después, John Tomaszewski, asesor de Risch, visitó a Rusesabagina en la cárcel. Le mostró la propuesta del texto de una carta en la que Rusesabagina solicitaba el indulto de Kagame.

Rusesabagina dijo que estaba dispuesto a intentarlo.

“La familia de Paul había dudado que procedería con la carta”, dijo Tomaszewski. “Pero Paul estaba siendo pragmático”.

Las cosas se empezaron a mover con rapidez. Funcionarios del Departamento de Estado trabajaron en secreto con la familia de Rusesabagina para incluir en la carta un lenguaje que apaciguara a Kagame, así como la sugerencia de que, si quedaba en libertad, Rusesabagina dejaría de criticar al gobierno de Ruanda.

Los familiares mencionaron que no les gustaban esas concesiones, pero las aceptaron.

En noviembre, la Casa Blanca, con Sullivan a la cabeza, se hizo cargo de las negociaciones secretas. El lado ruandés estaba a cargo de Mauro De Lorenzo, quien nació en Estados Unidos y fue investigador sobre África en el American Enterprise Institute en Washington antes de adquirir la nacionalidad ruandesa y convertirse en un acérrimo defensor de las políticas de Kagame.

De Lorenzo fue quien llegó a las ocho de la mañana a la oficina de Sullivan al día siguiente del belicoso arrebato de Kagame, en las primeras conversaciones cara a cara para discutir la posibilidad de liberar a Rusesabagina.

Después de eso, la conversación se centró en cómo podría producirse una liberación, según los funcionarios estadounidenses. Aunque los ruandeses no exigieron dinero ni un intercambio de prisioneros, querían que la familia retirara la demanda. Estos insistieron en mantener la condena penal de Rusesabagina. Y querían que Estados Unidos emitiera un comunicado en el que se opusiera a la “violencia política”, el tipo de violencia que Rusesabagina había sido acusado de encabezar en Ruanda.

Estados Unidos aceptó esas exigencias, lo que llevó a Kagame a realizar la primera insinuación pública sobre una posible liberación el 13 de marzo.

Aun así, los ruandeses estaban muy preocupados por la manera en que se iba a ver la liberación de un prisionero al cual culparon insistentemente durante mucho tiempo de ser una mente maestra del terrorismo. Kagame no quería dar la impresión de haber cedido ante la presión de Estados Unidos.

Por lo tanto, recurrió a Catar, un inversionista en Ruanda que a menudo ha utilizado su enorme riqueza en gas para ayudar a resolver crisis internacionales.

Cuando Rusesabagina salió de la cárcel la noche del 24 de marzo, diplomáticos estadounidenses lo llevaron directamente a casa del embajador de Catar en Ruanda, donde pasó tres noches.

Cuando Rusesabagina voló de Kigali el 27 de marzo, lo hizo a bordo de un avión del gobierno de Catar.

Funcionarios estadounidenses volaron con Rusesabagina a la capital catarí, Doha, donde lo recibió su abogado estadounidense, Ryan Fayhee. Los dos hombres se registraron en el lujoso hotel St. Regis, donde el otrora preso disfrutó de su primera copa de vino en varios años.

El 29 de marzo, llegaron a Houston, donde Rusesabagina fue trasladado a un centro médico militar cerca de su domicilio en San Antonio que se especializa en el tratamiento de supervivientes de trauma. (La estrella del baloncesto Brittney Griner fue tratada en el mismo centro tras su liberación de Rusia en diciembre).

Dos días después, Rusesabagina estaba de vuelta en casa, rodeado de su esposa, sus seis hijos y los simpatizantes que habían hecho campaña por su liberación. Tomaron champaña, compartieron un asado y cantaron “God Bless America”.

Ese mismo día, sus abogados retiraron formalmente la demanda contra Kagame. Pero Ruanda aún enfrenta varias demandas en África, Europa y Estados Unidos relacionadas con la detención de Rusesabagina, según dijo Kate Gibson, su abogada principal.

Hay otro asunto pendiente: si Rusesabagina, ahora a salvo en territorio estadounidense y sin duda más famoso que nunca, cumplirá su compromiso de reducir sus críticas a su viejo enemigo, Kagame.

Declan Walsh y Abdi Latif Dahir reportaron desde Nairobi, Kenia, y Michael D. Shear desde Washington.


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