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Un sistema instantáneo de pagos digitales revoluciona el comercio en India

El pequeño código QR está por doquier en la vastedad de India.

Lo encuentras pegado en un árbol junto a un peluquero ubicado a un lado del camino, apoyado en la pila de bordados vendidos por tejedoras, sobresaliendo de un montículo de maníes recién tostados en un carrito de comida. Un artista en la playa en Bombay lo pone en su bote de propinas antes de comenzar su actuación como robot; un mendigo en Nueva Delhi lo muestra a través de la ventana de tu coche cuando le dices que no tienes efectivo.

Los códigos conectan a cientos de millones de personas mediante un sistema de pagos instantáneo que ha revolucionado el comercio indio. Miles de millones de transacciones de la aplicación móvil —un volumen que eclipsa a cualquiera en Occidente— fluyen cada mes a través de una red digital desarrollada en el país que ha facilitado los negocios e incorporado grandes cifras de indios a la economía formal.

El sistema de escanea y paga es un elemento clave de lo que el primer ministro del país, Narendra Modi, ha promovido como “infraestructura pública digital”, cuyas bases han sido creadas por el gobierno. Ha hecho la vida cotidiana más conveniente, extendió los servicios bancarios como crédito y ahorro a millones más de indios y expandió el alcance de los programas gubernamentales y recolección de impuestos.

Con esta red, India ha mostrado a una escala nunca antes vista qué tan rápido la innovación tecnológica puede dar un salto para las naciones en desarrollo, lo que genera crecimiento económico incluso cuando la infraestructura física se rezaga. Es un modelo público-privado que India desea exportar a medida que se presenta a sí mismo como una incubadora de ideas que puede elevar a las naciones más pobres del mundo.

“Nuestro ecosistema de pagos digitales ha sido desarrollado como un bien público gratuito”, dijo Modi a fines de febrero a los ministros de Finanzas del Grupo de los 20, del cual India es el país anfitrión este año. “Esto ha transformado de manera radical la gobernanza, la inclusión financiera y la facilidad de vivir en la India”.

En términos sencillos, los funcionarios indios describen la infraestructura digital como un conjunto de “vías férreas”, colocadas por el gobierno, sobre la cual la innovación puede ocurrir a bajo costo.

En esencia, ha sido una campaña de grandes dimensiones para entregar a cada ciudadano un número único de identificación, llamado el Aadhaar. La iniciativa, comenzada en 2009 por el predecesor de Modi, Manmohan Singh, fue impulsada por Modi tras superar años de desafíos legales sobre las inquietudes por la privacidad.

El gobierno afirma que alrededor del 99 por ciento de los adultos ahora cuentan con un número de identificación biométrico, con más de 1300 millones de identificaciones emitidas en total.

Nandan Nilekani, uno de los cofundadores del gigante de las tecnologías de la información Infosys que ha estado involucrado en los esfuerzos de identificación digital de India desde el inicio, comentó que el país podría dar un salto tecnológico porque tenía poca infraestructura digital existente. “India pudo desarrollarse de nuevo con una pizarra en blanco”, dijo.

Las identificaciones facilitaron la creación de cuentas de banco y son los cimientos del sistema de pagos instantáneo, conocido como la Interfaz de Pagos Unificada (IPU). La plataforma, una iniciativa del banco central de India que es operada por una organización sin fines de lucro, ofrece servicios de cientos de bancos y decenas de aplicaciones de pagos móviles, sin cuotas por transacciones.

En enero, cerca de 8000 millones de transacciones con un valor cercano a los 200.000 millones de dólares se realizaron en la IPU, según Dilip Asbe, el director gerente de la Corporación Nacional de Pagos de India, que supervisa la plataforma.

El valor de las transacciones digitales inmediatas el año pasado fue muy superior a la de Estados Unidos, el Reino Unido, Alemania y Francia. “Combina los cuatro y multiplícalos por cuatro, es más que eso”, dijo un ministro del gobierno indio, Ashwini Vaishnaw, en el Foro Económico Mundial en enero.

Asbe asegura que el sistema ha crecido con rapidez y ahora es usado por cerca de 300 millones de individuos y 50 millones de comerciantes. Los pagos digitales se hacen incluso para las transacciones más pequeñas, cerca del 50 por ciento son clasificados como pagos pequeños o micro: 10 centavos por una taza de leche chai o dos dólares por una bolsa de verduras frescas. Este es un cambio conductual considerable en la que ha sido desde hace tiempo una economía impulsada por el dinero en efectivo.

La decisión de Modi en 2016 de eliminar del mercado todas las monedas de gran denominación fue un impulso para alejarse del efectivo y fomentar los pagos digitales. Promovido como un esfuerzo para eliminar el dinero mal habido en la política, el impacto afectó a los negocios pequeños que operaban con efectivo.

La dependencia en la infraestructura digital se profundizó durante la pandemia, conforme el gobierno usó los números de las identificaciones para administrar la campaña de vacunación más grande del mundo y entregar ayuda financiera.

A medida que el sistema se ha ido integrando en la vida del país, la preocupación por la privacidad de los datos no se ha olvidado del todo, ni siquiera tras las sentencias de la Corte Suprema que regulan su uso. A algunas personas les preocupa que la fuerte erosión de los controles al poder del gobierno bajo la gestión de Modi pueda abrir la puerta a abusos de la base de datos central de identidad. Si India impulsa su modelo en el extranjero, incluso en países que carecen de salvaguardias jurídicas sólidas, estas preocupaciones aparecerán.

Amitabh Kant, uno de los principales coordinadores indios de los eventos del Grupo de los 20, dijo que el gobierno había encontrado el equilibrio adecuado entre privacidad e innovación. “Hemos dicho que los datos pertenecen al individuo y que este tiene derecho a dar su consentimiento para cada transacción que realice”, dijo.

En dos decenas de entrevistas en varias poblaciones, pueblos pequeños y ciudades, surgió un retrato heterogéneo de los pagos digitales. Para un par de tiendas en poblaciones en el estado norteño de Uttar Pradesh, conformaban alrededor del 10 por ciento de las ventas diarias; en los mercados más ajetreados de Nueva Delhi, esa cifra podría ser una cuarta parte o la mitad.

Incluso en sectores que aún no han adoptado los pagos digitales, como la industria de la pesca en el estado sureño de Kerala, los pilares básicos de la infraestructura digital —el número de identidad, cuentas bancarias y aplicaciones de telefonía móvil— facilitaron la prestación de servicios.

En los mercados donde los pagos digitales están disponibles, la emoción genuina de las personas que recién adoptaron ese método es palpable. Las compañías de las aplicaciones están trabajando para garantizar la facilidad de uso a lo largo de un espectro amplio de alfabetización digital. Comerciantes en la misma acera se ayudan. Además, debido a que estamos hablando de tecnología, los hijos ayudan a los padres.

Reproductores de voz pequeños proporcionadas por las aplicaciones de pagos son comunes en carritos de comida y puestos de té, en los cuales los vendedores están muy ocupados para revisar los mensajes telefónicos después de cada transacción pequeña. Una voz similar a Siri notifica cuánto dinero se recibió al instante con cada pago con código QR. Esto ha ayudado a solucionar la desconfianza que había entre los comerciantes, acostumbrados desde hace mucho tiempo a las transacciones en efectivo.

Comerciantes como el zapatero y el vendedor de helados en un mercado en el centro de Nueva Delhi que no tienen su propio código QR simplemente piden prestado el de su vecino. Es la versión digital de: no tengo cambio, pero encontraré la solución con la ayuda de mi vecino.

“Solía preferir el efectivo”, dijo Rajesh Kumar Srivastva, un conductor de mototaxi en Nueva Delhi. “Pero vi los beneficios de esto durante el confinamiento”.

Antes de la pandemia, Srivastva pegó un código QR en el interior de su rickshaw, pero como solo una cuarta parte de sus pagos eran digitales, eran algo en lo que no pensó mucho.

Justo antes del confinamiento de 2020, Srivastva pagó una abultada factura de electricidad y dos cuotas del préstamo de su vehículo, agotando el efectivo que tenía en casa.

Sus ingresos en efectivo no solían ser suficientes para justificar los viajes en busca de depósitos bancarios. Pero su esposa le instó a comprobar la cuenta vinculada a los pagos digitales. No sabía cómo revisar su saldo en un cajero automático, así que fue con su hija, una estudiante de ingeniería civil de 20 años.

Primero, su hija sacó 5000 rupias, unos 60 dólares.

“Volvió a revisar y dijo: ‘Papa, quedan 45.000 más’”, contó Srivastva, antes mostrar una gran sonrisa. “¡Me encantó!”.

Mujib Mashal es el jefe de la oficina de The New York Times para el sur de Asia. Nacido en Kabul, escribió para revistas como The Atlantic, Harper’s, Time y otras antes de unirse al Times. @MujMash

Hari Kumar es reportero en el buró de Nueva Delhi. Se unió al Times en 1997. @HariNYT


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