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Guerra en Ucrania: los desafíos de atacar una trinchera

Los ejércitos llevan más de 100 años atacando trincheras. Sin embargo, a pesar de todos los avances en tecnología militar, no es menos perturbador ahora que cuando los soldados cruzaban el lodo de los campos de batalla en la Primera Guerra Mundial.

Los ataques pueden ser sigilosos y quirúrgicos, emplear la sorpresa o desplegarse con una fuerza abrumadora, utilizar ataques de drones o tanques y artillería. El objetivo es abrir una brecha en un laberinto de posiciones de tiro y búnkeres protegidos que están unidos por pasarelas a ras del suelo, vigiladas por el enemigo.

En mayo, los soldados ucranianos eligieron la opción más ruidosa para un asalto a una línea de trincheras. Algunos de los participantes describieron una operación rápida y bien coreografiada, del tipo que tal vez desempeñe un papel fundamental en una contraofensiva ucraniana prevista desde hace mucho tiempo y que, según insinuaron el lunes las autoridades estadounidenses, ya comenzó e implicará atravesar cinturones de minas terrestres, barreras de tanques y trincheras rusas.

Durante el ataque de mayo, las unidades de mortero ucranianas bombardearon la posición de los rusos. Un tanque ruidoso apareció y abrió fuego. Luego, unos Humvees blindados avanzaron por un campo disparando con metralletas, señalaron los hombres involucrados. El grupo de asalto disparó 3000 balas con dos metralletas Browning proporcionadas por Estados Unidos, según un comandante llamado Kozak, un indicio de la inmensa necesidad de municiones de las tropas en la ofensiva.

Para cuando un pelotón de soldados ucranianos llegó al borde de la trinchera rusa, parecía que los defensores estaban ensordecidos a causa de las explosiones de artillería y demasiado desorientados para oponer resistencia, según dijeron en entrevistas algunos soldados que participaron en la ofensiva.

“Nos ayudó mucho que nuestro tanque los estuviera atacando”, dijo un miembro del equipo de asalto, el sargento Oleksandr.

También ayudó un dron con explosivos. El dispositivo operado por los ucranianos llegó volando antes que los soldados y asustó a los rusos, obligándolos a meterse en sus búnkeres, lo cual hizo que los accesos a la trinchera quedaran sin vigilancia. “Todos estaban escondidos”, afirmó Oleksandr.

Durante meses, Ucrania ha entrenado unidades especializadas para este tipo de asaltos y Estados Unidos y el Reino Unido han participado instruyendo a los soldados ucranianos para que sepan cómo coordinar artillería, vehículos blindados e infantería. Para las entrevistas, el ejército ucraniano puso a disposición a miembros del escuadrón que asaltó la trinchera rusa el 20 de mayo, al este de Ucrania, parte de una unidad de reconocimiento de la Brigada 59.

Capturar una fortificación en trinchera puede parecer un operativo de pequeña escala, sobre todo cuando se le compara con uno que involucre una oleada de tanques, ataques aéreos o la atronadora violencia de artillería como el sistema HIMARS.

Sin embargo, hacerse de una trinchera es una tarea militar difícil. Depende de una planificación cuidadosa en torno a las peculiaridades del paisaje, el clima y las acciones de cada soldado, comentó Kozak, el comandante. Él y sus soldados pidieron ser identificados solo por sus apodos o nombres de pila, por razones de seguridad y conforme a las normas militares ucranianas.

El objetivo es acercarse lo más posible antes de que el enemigo tenga la oportunidad de disparar contra los soldados, que están abiertos y vulnerables mientras maniobran.

Los ataques a veces son sigilosos. Un video de un asalto ucraniano, filmado desde un dron y utilizado para entrenamiento, muestra cómo, en las primeras horas del día, mientras parece que los rusos están durmiendo, dos ucranianos se acercan con sigilo a una trinchera, saltan dentro y caminan hasta la entrada del búnker.

Por otro lado, el objetivo es obligar a todos los que están en la trinchera a agachar la cabeza con una cacofonía de potencia de fuego. “Deberían estar sentados, escondidos, sin poder hacer nada”, comentó el capitán Myron, comandante de una batería de artillería que ha apoyado a la infantería en el asalto a las trincheras.

La coreografía es clave, dijo. El truco consiste en azotar la trinchera hasta que la infantería esté lo más cerca posible, sin impactar a tus propios soldados. “Cuanto más rápido corran, más posibilidades tienen de triunfar y sobrevivir”, dijo el capitán Myron.

El ejército de Rusia tiene sus propias tácticas para asaltar trincheras, apoyándose en su ventaja en cantidad de obuses y otra artillería, y en la abundancia de soldados.

Una de estas tácticas se llama reconocimiento a través del combate. En este enfoque, los vehículos blindados se dirigen hacia una línea de trincheras para atraer el fuego de los defensores. Una vez que se revelan los puntos de tiro, se llama a la artillería para bombardear las trincheras.

El año pasado, en la batalla por Bajmut, Rusia revivió la práctica de la era de la Segunda Guerra Mundial de enviar varias oleadas de decenas de convictos al frente para abrumar las defensas, con un tremendo riesgo para los soldados atacantes.

Durante el invierno, Rusia formó unidades especializadas de infantería específicamente para asaltar trincheras, llamadas Storm, reclutadas parcialmente entre los veteranos de las fuerzas especiales. Operan en combinación con vehículos blindados y artillería, de forma similar a como el ejército ucraniano aborda el problema de capturar líneas de trincheras.

Un pelotón ruso había invadido la trinchera al centro de la batalla en mayo, la cual estaba cerca de la ciudad de Pisky, pero los ucranianos querían recuperarla, en parte para rescatar a un soldado herido.

Los ucranianos primero intentaron acercarse con sigilo y salieron alrededor de la 1 a. m. del 20 de mayo. Sin embargo, los rusos los descubrieron y abrieron fuego, resultaron heridos cuatro soldados de los ocho del grupo de asalto. Se retiraron arrastrando a los heridos.

Kozak, el comandante, entrevistado en una base alejada de la línea del frente, donde él y el grupo de asalto estaban descansando, describió ese contratiempo— y luego empezó a pregonar el ruidoso asalto de la mañana siguiente, cuando los ucranianos desplegaron todo su arsenal y recuperaron la trinchera.

“Para cuando las Browning se detuvieron, la infantería estaba en la entrada de los búnkeres”, recordó Kozak.

Dijo: “No permites que el enemigo se oriente, que levante la cabeza, que trabaje con granadas. Para cuando lo entiende, los nuestros ya están en sus trincheras”.

En la entrada de un búnker, Oleksandr les gritó a los rusos: “¡Salgan y vivirán!”.

Los rusos empezaron a salir, con las manos en alto, relató. El escuadrón capturó a 22 rusos de las unidades de asalto recién creadas.

El relato no pudo verificarse de forma independiente, pero varios soldados ucranianos describieron los detalles del asalto de manera similar y los videos que proporcionaron los militares de los interrogatorios a los prisioneros coincidieron con sus relatos.

Los militares ucranianos describieron el asalto a las trincheras como un éxito porque permitió capturar a un gran número de prisioneros, en contraste con las escaramuzas brutales, oscilantes y a menudo inconclusas que se llevan a cabo en la mayoría de las zonas a lo largo del frente de batalla.

Un soldado ucraniano, que usaba el apodo de Ryzhy, o pelirrojo, comentó que los prisioneros recibieron cigarros, agua y equipo médico para tratar sus heridas. “Todos dicen lo mismo: ‘No queríamos venir aquí’”, afirmó.

Los prisioneros pueden ser canjeados por ucranianos capturados, dijo Ryzhy. “Cada ruso capturado es una esperanza para que uno de nuestros soldados regrese del cautiverio”, dijo.

Los soldados dijeron que pudieron recuperar a su camarada herido. Había perdido los pies en una explosión.

“Es un milagro que no se desangrara”, dijo Ryzhy. “No puedo decir que estaba feliz de vernos, ya que estaba en muy mal estado. Seguía pidiendo agua”.

A pesar de toda la planificación táctica necesaria para capturar una trinchera, también se necesita algo más, afirmaron los soldados.

“Tenemos una palabra en ucraniano: ‘furia’”, comentó Ryzhy. “No hay que estar enfadados o ser malvados. Hay que estar furiosos”.

Maria Varenikova contribuyó con este reportaje desde Pokrovsk, Ucrania

Andrew E. Kramer es jefe del buró del New York Times en Kiev. Fue parte de un equipo que ganó el Premio Pulitzer en 2017 en la categoría de cobertura internacional por una serie sobre la proyección encubierta del poder de Rusia.


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