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Tortura y confusión en una planta nuclear de Ucrania

KIEV, Ucrania — Cuando unos militares rusos le cubrieron la cabeza con un costal de papas y lo obligaron a grabar una falsa declaración en video sobre las condiciones en la central nuclear más grande de Europa, Ihor Murashov ya había presenciado suficiente caos en la planta para estar muy preocupado.

Murashov, el ex director general de la planta nuclear de Zaporiyia en Ucrania, no sabía cuánto estrés más podrían soportar los trabajadores, porque enfrentaban una crisis tras otra para evitar una catástrofe nuclear.

Vio cómo miembros del personal eran arrastrados a un lugar que llamaban “la fosa” en una estación de policía cercana y regresaban golpeados y con hematomas (si es que regresaban). Estuvo ahí cuando los militares rusos que ingresaban abrieron fuego contra la central en los primeros días de la guerra y se inquietó al saber que colocaban minas en los terrenos circundantes. Fue testigo de cómo los rusos usaron espacios del reactor nuclear para ocultar equipo militar, lo que incrementaba los riesgos de sufrir un accidente.

Murashov, de 46 años, ya no está en Zaporiyia, lo expulsaron del territorio ocupado por Rusia en octubre. En los meses que han transcurrido, la situación en el complejo nuclear se ha vuelto más precaria, según funcionarios ucranianos y observadores internacionales.

El 9 de marzo, ocurrió un apagón por sexta vez desde la ocupación, lo que obligó a los ingenieros nucleares a depender de grandes generadores de diésel para mantener activo el equipo crucial de enfriamiento.

Rafael Mariano Grossi, el director general del Organismo Internacional de Energía Atómica de las Naciones Unidas (IAEA), ha alertado en diversas ocasiones sobre los peligros que cada vez son mayores. El lunes, Grossi se reunió con el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, para debatir el problema y planea visitar el miércoles la instalación, por segunda vez, desde el inicio de la guerra.

En una entrevista, Petro Kotin, presidente de Energoatom, la compañía estatal de energía nuclear de Ucrania, declaró que solo alrededor de 4600 de los 11.000 empleados de la planta todavía están trabajando. Los trabajadores de la central tienen hasta el 1 de abril para firmar contratos con Rosatom, un conglomerado nuclear propiedad del Estado ruso. Kotin dijo que alrededor de 2600 trabajadores han firmado el contrato. El resto aún se niega.

Los problemas actuales no son una sorpresa para Murashov, quien hace poco contó su experiencia durante una conversación de varias horas; un relato horrendo sobre cómo la planta nuclear más grande de Europa se sumió en el caos.

Su testimonio no pudo ser verificado de manera independiente, pero coincide con el de otros trabajadores que han huido y el de quienes todavía están ahí y han sido entrevistados por The New York Times y otras organizaciones de noticias durante el año pasado.

Murashov indicó que los rusos crearon áreas especiales en la ciudad satélite cercana en la que los empleados eran interrogados, acosados y golpeados.

“Había dos lugares llamados ‘las fosas’”, dijo Murashov. “Uno era el departamento de policía en la ciudad. Otro estaba adentro de la unidad militar local”.

Además, agregó: “Vi a uno de los empleados que fue al pozo, y estaba todo amarillo debido a los moretones que le habían hecho. Así que sabía lo que podía pasar”.

A los trabajadores a veces los sacaban de sus casas, dijo, y en ocasiones los detenían en los puntos de control cuando entraban a la planta y se los llevaban. Fueron revisados ​​​​rutinariamente en busca de contenido a favor de Ucrania.

Según Murashov y otros empleados, al principio los rusos buscaban a personas que montaban barricadas tratando de evitar que los soldados rusos ingresaran a la ciudad. Luego parecían decididos a lograr que los empleados firmaran contratos con Rosatom, afirmó.

Hasta hace un mes más o menos, la planta estaba bajo ocupación militar rusa, pero los ingenieros aún reportaban a Kiev para recibir instrucciones técnicas. Kotin afirma que eso ya no es así.

Además, funcionarios ucranianos señalan que ahora es prácticamente imposible que los trabajadores restantes escapen porque el camino hacia el territorio controlado por Ucrania está cerrado. Cuando Murashov abandonó la planta el otoño pasado, la mayoría de los familiares de los trabajadores ya habían huido.

Muchos de los empleados que se quedaron creían que era su deber mantener la planta funcionando de manera segura, mientras que otros han colaborado de manera más activa con los rusos, dijeron funcionarios ucranianos. Kotin dijo que se ha establecido un panel especial para examinar cada caso individualmente.

Ahora las autoridades ucranianas tienen información limitada de lo que está sucediendo en la planta, aparte de las actualizaciones técnicas diarias proporcionadas por los supervisores del IAEA, que han estado designados allí desde el 1 de septiembre. Grossi no ha comentado públicamente ningún reporte específico de abuso, pero ha expresado de manera reiterada su preocupación por la salud física y mental de los trabajadores.

Murashov dijo que inicialmente esperaba que los supervisores de Naciones Unidas mejoraran la situación. Pero describió la mañana en que llegaron, el 1 de septiembre, como uno de los peores días que experimentó durante la ocupación.

Murashov recibió una llamada urgente de la planta nuclear a las 04:00 a. m. Le dijeron que los rusos, que durante un mes bombardearon líneas de energía clave que alimentan la planta, estaban atacando nuevamente. Otra llamada llegó a las 05:00 a. m. La alarma en el reactor 5 sonaba a todo volumen. Dijo que mientras corría hacia la estación, los rusos comenzaron a bombardear la ciudad de Energodar, donde se encuentra el complejo nuclear. Podía ver helicópteros de ataque rusos volando bajo mientras conducía.

“Tuvimos que evaluar rápidamente lo que sucedió alrededor y en la estación”, dijo.

También tuvieron que prepararse para la misión del IAEA. Grossi y su equipo llegaron alrededor de la 01:00 p. m., y los ingenieros ucranianos pudieron dar una breve sesión informativa sin la presencia de los rusos. Pero cuando comenzaron a dar la vuelta a la estación, dijo, los rusos se hicieron cargo y les dijeron a los supervisores que los bombardeos procedían de posiciones ucranianas.

“Con todo ese caos, casi no pudimos expresar lo que estaba sucediendo en la estación y lo que sabíamos con seguridad”, dijo Murashov.

El último de los seis reactores de la instalación se apagó 12 días después de esa visita. La planta ya no produce energía, pero la energía externa aún es esencial para hacer funcionar la velocidad crítica de enfriamiento y otros sistemas de seguridad.

Funcionarios ucranianos creen que después de que los rusos no lograron desviar la electricidad de los reactores para su propio uso, simplemente trataron de arruinar la instalación.

En una entrevista a principios de marzo, Herman Halushchenko, el ministro de Energía de Ucrania, comentó: “Su meta es hacer que la situación sea tan difícil que cuando la recuperemos ya no se pueda operar”.

Autoridades ucranianas aseguran que la cifra de militares rusos en la planta está aumentando porque saben que tal vez es la ubicación más segura en el sur del país para evitar bombardeos de las fuerzas ucranianas.

La designación de Murashov como director de la planta ocurrió el 16 de febrero de 2022, a tan solo días de que Rusia iniciara su invasión a gran escala.

La noche en que los rusos invadieron, Murashov y cientos de trabajadores bajaron a los búnkeres ubicados debajo de la planta. El 3 de marzo, los rusos se abrieron paso hacia la ciudad y se aproximaron a la estación.

Esa noche, los rusos abrieron fuego contra la planta y Murashov instruyó al personal para que transmitiera en directo las imágenes de la cámara de seguridad en YouTube con el fin de que el mundo pudiera ver lo que estaba pasando.

“La mañana del 4 de marzo, recibí una llamada del alcalde”, dijo Murashov. Los rusos querían hablar.

Salió del búnker y se encontró con una escena de devastación. Aseveró que había humo en el aire y charcos de sangre en el suelo. Las alarmas se escuchaban a la distancia. El cuerpo de un soldado de la Guardia Nacional de Ucrania yacía cerca de la entrada de la planta.

Cuando el director de la planta conoció al general ruso al mando, al militar parecía preocuparle más que sus efectivos no hayan sido recibidos como liberadores que cualquier otra cosa que estuviera ocurriendo en el complejo nuclear, dijo Murashov.

Conforme pasaron los meses y las fuerzas rusas perdieron terreno en otras partes del país, la situación empeoró para los ucranianos de la planta. Los trabajadores comenzaron a desaparecer, francotiradores rusos observaban desde los techos y más artillería pesada llegó a la instalación, lo que incrementaba el riesgo de un accidente.

Murashov señaló que, cuando sus trabajadores hacían tareas de mantenimiento en ciertas áreas, alertaban con antelación a los rusos para que no les dispararan.

Kotin, el presidente de Energoatom, manifestó que al menos 200 trabajadores estuvieron detenidos y por lo menos 30 siguen desaparecidos.

El 5 de agosto, se realizaron bombardeos contra la planta nuclear por primera vez. El 25 de agosto, experimentó su primer apagón.

Los rusos presionaron a Murashov para que firmara un contrato con Rosatom, pero se negó. Cuando manejaba hacia su casa el 30 de septiembre, los rusos lo interceptaron.

“Revisaron mis documentos. Después me pusieron una bolsa en la cabeza, y a mi conductor también”, dijo Murashov.

“Tenía miedo”, agregó. “No sabía qué estaba pasando, no podía imaginar qué sucedería a continuación”.

Como se crió en Energodar, conocía bien los caminos y reconocía cada vuelta. “Sabía que me estaban llevando al departamento local del Servicio de Seguridad de Ucrania”, indicó.

Explica que, una vez allí, lo obligaron a sentarse en una silla con la bolsa sobre la cabeza y estuvo esposado durante veinticuatro horas.

Tres días después de ser detenido, lo forzaron a grabar un video, por el cual sigue sintiendo vergüenza.

“Lo peor que dije es que era muy probable que la estación había sido bombardeada por las Fuerzas Armadas de Ucrania”, puntualizó Murashov. “Me hicieron firmar un papel en el que se leía que no podía retractarme de mi declaración”.

“Ahora me retracto”, finalizó.

Después de hacer el video, le volvieron a poner la bolsa en la cabeza y lo metieron a la fuerza en un auto con militares rusos. Recuerda que sonaba “Zombie”, la balada contra la guerra de The Cranberries, mientras viajaban en el auto. Lo bajaron cerca del cruce del territorio controlado por Ucrania y, sin darle ninguna explicación, lo liberaron.

Anna Lukinovacolaboró en este reportaje.

Marc Santora es el editor de noticias internacionales en Londres y se enfoca en eventos noticiosos de último momento. Antes fue jefe de la corresponsalía de Europa Central y del Este, con sede en Varsovia. También ha reportado ampliamente desde Irak y África. @MarcSantoraNYT


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