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Morir de hambre con la promesa del cielo

Un culto en Kenia desafía los límites de la libertad religiosa y otras lecturas para estar al día.


Paul Nthenge Mackenzie era un taxista pobre en Kenia que, gracias a sus elocuentes sermones, se convirtió en un exitoso televangelista. Ahora está acusado de asesinato, terrorismo y otros delitos en un caso conocido como “la masacre de Shakahola”.

Shakahola es el nombre de un bosque ubicado entre dos destinos turísticos populares —el Parque Nacional Tsavo y la costa del océano Índico— y fue el lugar adonde Mackenzie se mudó con cientos de sus seguidores, a los que predicaba sobre el inminente fin del mundo.

Y en las últimas semanas se convirtió en una escalofriante escena de muertes masivas.

Hasta mediados de este mes, se habían encontrado 179 cadáveres de mujeres, hombres y niños que escucharon los sermones apocalípticos de Mackenzie que los incitaban morirse de hambre para encontrarse con Jesús. Cientos de personas están desaparecidas en el lugar y otras más sobreviven apenas, deambulando y resistiéndose a recibir ayuda o a cejar en su fe.

Este reportaje de nuestro colega Andrew Higgins desde Kenia, uno de los países más modernos y estables de África, muestra el modo en que Mackenzie fue modificando sus sermones en los últimos años y radicalizando sus puntos de vista. Escribe Andrew:

El hecho de que tantas personas ignoraran el instinto humano más básico de supervivencia y eligieran morir ayunando ha planteado preguntas delicadas sobre los límites de la libertad religiosa, un derecho consagrado en la Constitución de Kenia.

William Ruto, el presidente de Kenia, un cristiano devoto cuya esposa es predicadora evangélica, evitó polemizar sobre el asunto pero convocó a expertos para que diseñen propuestas de regulación para el sector religioso del país.

Un activista de derechos humanos que visitó Shakahola en marzo, y vio a algunas personas al borde de la muerte por inanición que se negaron a recibir ayuda, dijo: “Quería que estas personas hambrientas sobrevivieran, pero querían morir y conocer a Jesús”, explicó. Y añadió: “¿Qué hacemos? ¿Acaso la libertad de culto prevalece sobre el derecho a la vida?”.


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Entre nuestros lectores hay asiduos al pádel, un deporte que inventó un argentino en México hace décadas: los hay recientes y también jugadores pioneros que hace tiempo se habían aficionado a este juego de raqueta. Están en España, Argentina, Uruguay y México, por dar algunos ejemplos. Aquí algunos de sus comentarios, editados por espacio:

  • “Es un deporte que salió de la nada y ha tenido un auge muy alto en estos últimos dos años, nada barato, por cierto, ya que la hora resulta cara de pagar”. —Alfredo Romero, Xalapa, Veracruz, México.

  • “Empecé a jugar hace un año porque mi pareja iba siempre a jugar y me hablaba de lo entretenido que era. Así que fuimos con él y mis primos y de ahí hemos jugado casi todas las semanas”. —Alicia, Santiago, Chile.

  • “Llevo jugando 15 años. Una amiga me invitó a jugar un día y ya me gustó tanto que al poco tiempo comencé a tomar clases en un club y jugar. Juego de tres a cuatro veces por semana. Y aunque es muy físico y tengo ya 53 años, me ayuda a mantenerme en forma”. —José Carlos, La Herradura, España.

P. D.: Y hablando de deportes, en España se discuten los avances y retrocesos al combatir el racismo en La Liga, la primera división del fútbol en el país. Puedes leer aquí nuestro artículo.

Patricia Nieto y Sabrina Duque producen y editan este boletín.


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