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¿La próxima ‘Succession’ será escrita por un chatbot?

Cuando el sindicato que representa a los guionistas de Hollywood presentó su lista de objetivos para las negociaciones de contratos con los estudios esta primavera, incluyó la petición ya conocida sobre la compensación, la cual según los guionistas se ha estancado o ha decaído en medio de una explosión de nuevos programas.

Pero, mucho más adelante en la lista, el documento añadía un giro distintivo de 2023. En una sección titulada “Estándares profesionales y protección en el empleo de guionistas”, el sindicato escribía que su objetivo era “regular el uso de material producido a través de la inteligencia artificial o tecnologías similares”.

Y es que ahora, a la mezcla de programadores informáticos, redactores publicitarios, asesores de viajes, abogados e ilustradores de historietas que se muestran alarmados por la creciente destreza de la inteligencia artificial generativa, hay que agregar a los guionistas.

“No está fuera del ámbito de lo posible que antes de 2026, que es la próxima vez que negociaremos con estas compañías, nos puedan decir: ‘¿Saben qué?, no hacen falta, estamos bien’”, afirmó Mike Schur, creador de The Good Place y cocreador de Parks and Recreation.

“No los necesitamos”, se imagina que le dicen desde el otro lado. “Tenemos unas cuantas IA que están creando un montón de entretenimiento que se podría decir que la gente está disfrutando”.

En sus intentos por defenderse de esa situación, los guionistas tienen algo de lo que carecen muchos otros trabajadores: un sindicato.

Schur, quien forma parte del comité de negociaciones del Sindicato de Guionistas de Estados Unidos, que buscaba en vano evitar una huelga antes de que expirase su contrato con las compañías el lunes, afirmó que la organización espera “establecer un límite de inmediato y decir: ‘Los guionistas son seres humanos’”.

Sin embargo, los historiadores advierten que los sindicatos, en general, no han logrado controlar las nuevas tecnologías que facilitan la automatización o el reemplazo de mano de obra calificada por mano de obra menos calificada. “No se me viene a la mente algún sindicato que haya logrado ser osado y solucionar ese problema”, afirmó Jason Resnikoff, profesor adjunto de Historia en la Universidad de Groninga en los Países Bajos, quien estudia la mano de obra y la automatización.

El futuro inmediato de los guionistas, actores y directores que este año negocian nuevos contratos podría decir mucho sobre si ese patrón continuará en la era de la inteligencia artificial.

En diciembre, Apple presentó un servicio que permite a las editoriales utilizar la inteligencia artificial para crear narradores que suenan como seres humanos, una innovación que podría desplazar a cientos de actores de voz que se ganan la vida interpretando audiolibros. El sitio web de la compañía afirma que el servicio beneficiará a los autores independientes y las pequeñas editoriales.

“Sé que alguien, alguna compañía, siempre tiene que llegar primero”, afirmó Chris Ciulla, quien estima que ha ganado entre 100.000 y 130.000 dólares anuales en los últimos cinco años narrando libros bajo contratos sindicales. “Pero que existan personas que no entiendan cómo eso al final puede afectar al narrador promedio, es decepcionante”.

Otros actores temen que los estudios utilicen la IA para replicar sus voces mientras al mismo tiempo los excluyen del proceso. “Ya hemos visto esto: han aparecido sitios web con bases de datos de voces de personajes de videojuegos y animaciones”, afirmó Linsay Rousseau, una actriz que se gana la vida haciendo trabajos de voz.

Quienes actúan ante la cámara señalan que los estudios ya emplean la captura de movimientos o de actuaciones para replicar los movimientos o las expresiones faciales de los artistas. La superproducción de 2018 Black Panther recurrió a esta tecnología para las escenas que mostraban a cientos de miembros de tribus en acantilados, imitando los movimientos de bailarines contratados para actuar en la película.

A algunos actores les preocupa que las nuevas versiones de la tecnología permitan a los estudios robar sus movimientos, “crear nuevas actuaciones al estilo de un maestro de wushu o de karate y usar el estilo de esa persona sin su consentimiento”, dijo Zeke Alton, actor de voz y de cine que forma parte de la junta directiva de su sindicato local, SAG-AFTRA, en Los Ángeles.

Los guionistas de Hollywood están cada vez más preocupados por ChatGPT, que se ha enfocado en imitar el estilo de autores prolíficos.

“Al principio de las conversaciones con el sindicato, hablamos sobre lo que yo llamo el problema de Nora Ephron”, contó John August, quien forma parte del comité de negociaciones del Sindicato de Guionistas. “Básicamente este problema consiste en: ¿qué sucede si se introducen todos los guiones de Nora Ephron en un sistema y se genera una IA que pueda crear un guion que suene a Nora Ephron?”.

August, guionista de películas como Los ángeles de Charlie y Charlie y la fábrica de chocolate, afirmó que aunque la inteligencia artificial estaba en un segundo plano con respecto a la compensación en la negociación del Sindicato de Guionistas, la organización estaba estableciendo dos exigencias clave sobre el tema de la automatización.

El sindicato quiere asegurarse de que ningún material literario —guiones, tratamientos, esquemas o incluso escenas concretas— pueda ser escrito o reescrito por chatbots. “El escenario más espantoso sería algo como: ‘Ay, leí tus guiones, no me gustó esta escena, así que hice que ChatGPT la reescribiera’”, dijo August.

El gremio también quiere asegurarse de que los estudios no puedan usar chatbots para generar material original que luego sea adaptado a la pantalla por humanos, de la misma manera que podrían adaptar una novela o el artículo de una revista.

SAG-AFTRA, el sindicato de actores, afirma que cada vez más miembros de este gremio están reportando contratos para trabajos individuales en los que los estudios parecen reclamar el derecho de utilizar sus voces para generar nuevas actuaciones.

Un contrato reciente de Netflix buscaba otorgarle a la empresa el uso gratuito de una simulación de la voz de un actor “mediante todas las tecnologías y procesos conocidos en la actualidad o desarrollados en el futuro, en todo el universo y a perpetuidad”.

Netflix dijo que esa redacción ya tenía varios años en los contratos y le permitía a la compañía hacer que la voz de un actor sonara más como la de otro, en caso de un cambio de elenco entre temporadas de una producción animada.

El sindicato ha dicho que sus miembros no están sujetos a disposiciones contractuales que le permitan a un productor simular nuevas interpretaciones sin compensar a los actores, aunque a veces ha intervenido para eliminarlos de sus contratos.

Duncan Crabtree-Ireland, director ejecutivo de SAG-AFTRA, afirmó que este tipo de contratos representan un riesgo mucho mayor para los actores no sindicalizados, quienes podrían convertirse en cómplices involuntarios de su propia obsolescencia. “Solo se necesita una o unas pocas instancias en las que se cedan los derechos de por vida para generar un impacto muy negativo en las perspectivas de tu carrera”, dijo Crabtree-Ireland.

La Alianza de Productores de Cine y Televisión, organización que negocia con los diversos sindicatos que representan a guionistas, actores y directores en nombre de los principales estudios de Hollywood, declinó hacer comentarios.

Cuando algún gremio de profesionales ha logrado repeler la obsolescencia a manos de la tecnología, el resultado se ha reflejado en el estatus y el prestigio de su ocupación.

Hasta cierto punto, ese parece haber sido el caso de los pilotos de aviones. Para fines de la década de 1990, las tripulaciones se habían reducido a dos en la mayoría de los vuelos comerciales nacionales, pero en gran medida eso se ha nivelado desde entonces, aunque la tecnología automatizada se ha vuelto mucho más sofisticada y la industria ha explorado la posibilidad de nuevas reducciones.

“La red de seguridad que tienes cuando estás a gran altura —la que evita que te estrelles— son dos pilotos descansados, experimentados y altamente capacitados”, afirmó Dennis Tajer, vocero de la Asociación de Pilotos Aliados, organización que representa a los pilotos de American Airlines. Hasta el día de hoy, los tiempos de vuelo de más de nueve horas requieren al menos tres pilotos.

La sustitución de algunos médicos por inteligencia artificial, que algunos expertos predijeron como inminente en campos como la radiología, tampoco se ha materializado. Esto se debe en parte a los límites de la tecnología y al prestigio de los médicos, que se han implicado en conversaciones de alto nivel sobre la seguridad y el despliegue de la inteligencia artificial. El Colegio Estadounidense de Radiología creó hace varios años un Instituto de Ciencia de Datos con este fin.

Que los guionistas consigan un éxito similar dependerá, al menos en parte, de si existen límites inherentes en las máquinas que pretenden hacer su trabajo. Algunos escritores y actores mencionan el “valle inquietante” del que los algoritmos quizá nunca puedan escapar del todo.

“Los artistas miran todo lo que se ha creado y encuentran un destello de novedad”, afirmó Javier Grillo-Marxuach, guionista y productor de Lost y El cristal encantado: la era de la resistencia. “Lo que está haciendo la máquina es recombinar”.

Por muy sofisticados que sean los algoritmos, el destino de guionistas y actores dependerá también de lo bien que protejan su estatus. ¿Hasta qué punto son capaces de convencer al público de que debe importarles que haya un ser humano implicado?

Los sindicatos presionan. August afirma que corresponde al Sindicato de Guionistas, y no al estudio, determinar quién recibe el crédito de guionista en un proyecto, y que el sindicato guardará celosamente este rito. “Queremos asegurarnos de que una inteligencia artificial nunca sea uno de los guionistas en la cadena de títulos de un proyecto”, afirma.

Crabtree-Ireland, de SAG-AFTRA, dijo que los sindicatos también tienen cartas legales a su disposición, como el pronunciamiento de la Oficina de Derechos de Autor de EE. UU. en marzo de que el contenido creado enteramente por algoritmos no es elegible para la protección de los derechos de autor. Es más difícil monetizar una producción si no existe ningún obstáculo legal para copiarla.

Quizá sea más importante lo que podríamos llamar el factor Us Weekly: la tendencia del público a interesarse tanto por la persona que hay detrás del papel como por la actuación. Los fans quieren oír a los famosos de Hollywood hablar de su método en las entrevistas. Quieren mirar embobados la sensibilidad de los actores en materia de moda y estar al tanto de con quién salen.

“Si nos fijamos en la cultura en general, el público suele estar interesado en la vida real de nuestros integrantes”, afirma Crabtree-Ireland. “La inteligencia artificial no está en condiciones de sustituir elementos clave de eso”.

Noam Scheiber es un reportero radicado en Chicago que escribe sobre los trabajadores y el espacio laboral. Trabajó en The New Republic durante casi 15 años, y ahí cubrió políticas económicas y tres campañas presidenciales. Es autor de The Escape Artists. @noamscheiber

John Koblin reporta sobre la industria televisiva. Es coautor de It’s Not TV: The Spectacular Rise, Revolution, and Future of HBO. @koblin


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