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Cómo rastrear un pájaro cantor desde Alaska hasta Perú

Para un pibí boreal, la migración puede ser una maratón. Algunos de estos pájaros cantores de color hollín viajan más de 24.140 kilómetros al año, volando desde América del Sur hasta Alaska y luego de regreso. Es un viaje abrumadoramente largo para un pájaro que pesa poco más de 28 gramos.

“Las poblaciones de Alaska de pibís boreales se encuentran justo en este margen muy estrecho de lo que es biológicamente posible”, dijo Julie Hagelin, bióloga investigadora de vida silvestre en el Departamento de Pesca y Caza de Alaska y científica investigadora sénior en la Universidad de Alaska Fairbanks.

Para sobrevivir al largo viaje, las aves necesitan lugares seguros donde descansar y repostar. Pero la ubicación de estas “pequeñas utopías” era un misterio, dijo Hagelin. Entonces, en 2013, ella y sus colegas se propusieron desentrañarlo mediante el seguimiento a las aves. Esperaban que la identificación de estos sitios críticos de escala pudiera proporcionar pistas sobre por qué las poblaciones de pibís boreales estaban disminuyendo y qué podría ser necesario para salvarlas, incluso hacia dónde deberían dirigir los expertos sus esfuerzos de conservación.

La investigación resultó ser más difícil de lo que esperaban. Los pibís boreales a menudo se reproducen en ciénagas llenas de bichos. Se posan en las copas de los árboles. Y son esquivos, dispersos en el paisaje y difíciles de atrapar. “Después del primer año de dificultades con este proyecto, quedó muy claro por qué nadie en su sano juicio querría intentar estudiar esta ave”, dijo Hagelin.

Esto es lo que los científicos tuvieron que hacer para conseguir los datos:

Los pibís boreales pueden ser muy sensibles a las incursiones en su territorio, por lo que los científicos atrajeron a las aves con falsos rivales aviares. Compraron señuelos de madera para pájaros en eBay y luego pintaron parches blancos en los flancos para replicar el destello de plumas blancas que los machos suelen mostrar cuando están agitados. “Es una especie de señal a larga distancia de ‘Mantente alejado’ o ‘Este es mi sitio”, dijo Hagelin.

Los investigadores ubicaron los señuelos en árboles pequeños o los ataron a palos grandes que se colocaron en posición vertical en el suelo blando. Colgaron finos nidos de una malla muy delicada y emitieron llamadas de pibís boreales desde parlantes escondidos en los arbustos debajo del señuelo. Los científicos esperaban que si hubiera un pibí boreal en el área, volaría hacia el intruso de madera y terminaría en sus redes. Algunas aves hicieron precisamente eso y respondieron rápidamente al señuelo. Pero a veces podían pasar horas antes de atrapar a un solo pibí. “Quizás dos, si teníamos suerte”, dijo Hagelin.

Los investigadores utilizaron un cordón de plástico transparente, diseñado para hacer bisutería, para crear pequeños arneses para los pájaros, cada uno con una etiqueta de geolocalización. Una vez que tuvieron un pájaro en la mano, deslizaron los lazos del arnés sobre sus patas, colocando la etiqueta contra su espalda baja.

Cuando las aves volaron hacia el sur durante el invierno, las etiquetas geolocalizadoras registraron regularmente los niveles de luz y la hora, lo que permitió a los científicos estimar la latitud y longitud aproximada de cada ave. En años posteriores del estudio, pasaron al uso de etiquetas GPS, que pueden proporcionar datos de ubicación más precisos.

Para descargar los datos, los investigadores tuvieron que volver a capturar las mismas aves el verano siguiente. “Recuperar esta información aumentó mis canas”, dijo Hagelin. La segunda vez, las aves se mostraron más cautelosas y menos receptivas a los engaños de los científicos, por lo que los investigadores pasaron horas observando los nidos de los pibís boreales.

“Se pueden empezar a ver patrones como ubicaciones o direcciones en las que las aves tienden a entrar o salir del nido y cómo se mueven entre los árboles”, dijo Hagelin. “Así que puedes poner una red en el camino y esperar atraparlos de esa manera”.

Durante el transcurso del estudio de cinco años, los investigadores lograron colocar 95 etiquetas. Recuperaron 17 etiquetas de geolocalización, pero solo cinco etiquetas de GPS, y tres de las etiquetas de GPS fallaron, sin proporcionar ningún dato por razones que los científicos aún no comprenden. “Fue devastador”, dijo Hagelin.

“Pero no todo estaba perdido”, añadió. Los datos del geolocalizador señalaron 13 sitios de escala importantes, desde Washington hasta el sur de Perú, además de tres áreas principales de invernada en América del Sur, informaron los investigadores en 2021. La tecnología de etiquetado ha mejorado, por lo que los científicos con apetito por la captura de pibís boreales ahora podrían concentrarse en recolectar más datos detallados sobre esos lugares. “¿Soy yo la persona adecuada para hacerlo?”, preguntó Hagelin. “Tal vez si tuviera el financiamiento”.


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