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Estafas románticas por internet: esto deben saber los jubilados

Los estafadores utilizan las aplicaciones de citas para aprovecharse de personas solitarias y la gente mayor es un blanco cada vez más frecuente. Se trata de un patrón que se aceleró durante el aislamiento de la pandemia del coronavirus: en 2020 las estafas románticas a adultos mayores de 60 años representaron 139 millones de dólares, según datos de la Comisión Federal de Comercio (FTC, por su sigla en inglés), un aumento frente a los 84 millones del año anterior.

En uno de los episodios más alarmantes de lo que se ha convertido en uno de los principales tipos de fraude dirigido a los estadounidenses mayores, un sobreviviente del Holocausto fue estafado con los ahorros de toda su vida por valor de casi tres millones de dólares, según una acusación federal desvelada en Nueva York a finales de enero.

Kate Kleinert, que estaba sola en casa mientras se propagaba la COVID-19 en el verano de 2020, decidió aceptar la solicitud de amistad en Facebook de un apuesto desconocido. Se presentaba como un médico noruego que trabajaba en Irak y se hacía llamar Tony.

Tras un par de meses de comunicación diaria en aplicaciones de mensajería cifrada, Tony empezó a pedir dinero. En diciembre de 2020, Kleinert, de 69 años, ya había entregado a Tony y a dos personas que decían ser sus hijos cerca de 39.000 dólares en tarjetas de regalo. La estafa devoró los ahorros de Kleinert, el seguro de vida de su difunto marido, su pensión y sus ingresos de la seguridad social, dejándola en la indigencia.

Kleinert, que entonces vivía en Glenolden, Pensilvania, a las afueras de Filadelfia, y ahora reside en el condado de Lancaster, acudió a la policía local y luego a la estatal. Le dijeron que no podían hacer nada.

“La pérdida que más me duele es la de su amor y la familia que creía que iba a tener”, comentó.

Según los expertos, el estafador de Kleinert seguía un esquema típico: decía ser un profesional que trabajaba en el extranjero, se aprovechaba de la soledad de la víctima para establecer un vínculo rápidamente, construía un futuro imaginario con ella y luego planeaba un encuentro en persona que dependía de la voluntad de la víctima de desprenderse de dinero.

“He visto a ancianos hipotecar sus casas, pedir prestadas grandes sumas de dinero a sus vecinos, vaciar sus cuentas de jubilación”, afirmó Michael Delaney, abogado especializado en derecho de la tercera edad con sede en Chicago.

“Me resulta absolutamente asombroso la cantidad de dinero que alguien puede sacar de la cuenta de un anciano antes de que nadie se dé cuenta y lo detenga”, opinó.

Aunque los jóvenes son más propensos a ser víctimas de estafas en línea en general, las personas mayores son más susceptibles a las estafas románticas. La razón, según los expertos, es sencilla: suelen tener más dinero.

Peaches Stergo, la mujer acusada de fraude electrónico en el caso federal del sobreviviente del Holocausto, obtuvo cerca de 2,8 millones de dólares de la víctima, un hombre de 87 años de Manhattan al que conoció en un sitio web de citas. Los fiscales federales afirman que utilizó parte del dinero para pagar un condominio en Florida, habitaciones en el Ritz Carlton, lingotes de oro, un Corvette, así como ropa y relojes lujosos.

La pérdida promedio de una estafa romántica para personas de 70 años o más en 2021 fue de 9000 dólares, según la FTC, en comparación con la cifra de 2400 dólares en todos los grupos de edad.

“Cuando los adultos mayores pierden dinero”, explicó Amy Nofziger, directora de apoyo a víctimas de fraude de la AARP, “pierden más dinero porque disponen de más dinero que perder”.

El FBI ha dado la voz de alarma sobre las estafas románticas. En 2021, señaló la agencia, los estadounidenses de todos los grupos etarios desembolsaron más de 1000 millones de dólares a los estafadores, frente a los más de 362 millones de dólares en 2018.

En Estados Unidos, la sección 230 de la Ley de Decencia en las Comunicaciones otorga a las plataformas en línea, incluidos los sitios y las aplicaciones de citas, inmunidad de responsabilidad por el contenido publicado por sus usuarios.

La FTC demandó a Match Group en 2019, alegando que la empresa, que gestiona plataformas de citas en línea como Match.com, Tinder y Hinge, permitía que los estafadores se hicieran pasar por usuarios normales.

Un tribunal federal de Texas desestimó las demandas el año pasado, citando la Sección 230.

No obstante, consciente del problema, Match Group lanzó en enero una campaña de concientización pública para que los usuarios estén pendientes de las señales de alarma.

Aunque la Sección 230 hace difícil demandar a las plataformas en línea por los contenidos que alojan, los particulares pueden ser considerados legalmente responsables si participan de manera voluntaria en una conspiración para defraudar.

Glenda Seim, una mujer de 81 años de Misuri, fue condenada el año pasado a cinco años de libertad condicional tras declararse culpable de dos delitos federales. Admitió que había actuado como “mula de dinero” en nombre de un interés amoroso en línea, un hombre que decía ser un estadounidense que trabajaba en Nigeria y necesitaba dinero para regresar a su país.

Empeñó aparatos electrónicos enviados a su casa y abrió cuentas bancarias fraudulentas, haciendo caso omiso de los agentes federales que le dijeron que la estaban estafando.

La reticencia de Seim a aceptar que su romance en línea no era real es común entre las víctimas mayores de este tipo de fraude, según Delaney, especialista en derecho de la tercera edad.

“A pesar de mostrar pruebas irrefutables de que la persona de la que creen estar enamorados no es quien dice y de que el dinero no se utiliza para lo que aseguran, defienden a ese explotador a capa y espada”, afirmó.

Por lo general, añadió, uno de los hijos mayores de la víctima debe intervenir para poner fin a la situación.

Esto es lo que sucedió con el caso de fraude bancario al sobreviviente del Holocausto en Nueva York. Para cuando la víctima le confió a su hijo la situación, los 62 cheques que emitió a lo largo de cuatro años ya habían sido cobrados.

Los investigadores lograron a arrestar a Stergo, un resultado poco común en las estafas románticas, donde los perpetradores rara vez son ubicados y no es posible recuperar las pérdidas casi nunca.

Aunque hay pocos recursos para recuperar fondos que en la mayoría de los casos ya se han gastado, que un familiar se involucre en la situación a menudo puede detener una estafa antes de que vaya más lejos. En los casos en que las personas mayores se niegan a aceptar que han sido víctimas de una estafa, los familiares pueden presentar una petición urgente de tutela temporal y pedir a un juez que emita una orden que congele de inmediato las cuentas bancarias.

Tal como se enteró Kleinert, no hay mucho que las fuerzas de la ley puedan hacer para rastrear a los estafadores de internet, sobre todo a los que usan direcciones de IP del extranjero.

Luego de perder todo su dinero, Kleiner recurrió a los jóvenes de su vida para mejorar sus configuraciones de privacidad en internet. Pero luego de que un incendio destruyó su vivienda y un amigo creó una página de donativos en GoFundMe para ayudarla, descubrió que seguía siendo vulnerable.

Tras meses de silencio, dijo, Tony volvió a contactarla para pedirle más dinero.

“‘Sé que tienes dinero’”, dice que le dijo él. “‘Vi tu página de GoFundMe’”.

“Eso me dio escalofríos”.

Emily Schmall es corresponsal en el sur de Asia con sede en Nueva Delhi.


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