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Historia de dos naufragios – The New York Times

Desigualdades globales en el mar, un complot fallido en Florida y más para el fin de semana.


Cinco personas quedaron a la deriva en un sumergible sellado en el mar y una reserva de oxígeno para unas 96 horas. ¿Seguían con vida, serían rescatadas a tiempo? La duda ocupó y preocupó al planeta entero durante cinco días.

El domingo se perdió el contacto con un sumergible turístico que pretendía descender hasta los restos del naufragio del Titanic, lo que desencadenó un esfuerzo internacional de búsqueda y rescate en una zona de alrededor de 26.000 kilómetros cuadrados y una intensa cobertura mediática.

A bordo del navío, llamado Titán, iban el piloto, un experto marítimo y clientes, incluido un adolescente de 19 años, que desembolsaron 250.000 dólares cada uno por la experiencia.

La operación de búsqueda mostró el contraste entre la riqueza de los tripulantes y la precariedad del vehículo exploratorio. La empresa responsable, OceanGate Expeditions, había recibido advertencias —internas y externas— sobre los riesgos de sus operaciones y se negaba a tramitar certificaciones de seguridad.

El jueves se hallaron restos del Titán “consistentes con una pérdida catastrófica de la cámara de presión” en el sumergible, según dijeron las autoridades de la Guardia Costera estadounidense. Un experto de la Institución Oceanográfica Woods Hole dijo que la ubicación y el tamaño de las piezas encontradas indicaban que el Titán había implosionado. Se informó que los cinco pasajeros habían fallecido.

Pero la movilización por los tripulantes del Titán contrastó con los esfuerzos para rescatar a las víctimas de otro naufragio, ocurrido en el Mediterráneo.

La semana pasada, un pesquero de arrastre desvencijado en el que viajaban unas 750 personas migrantes de África y el Medio Oriente se volcó en aguas de la zona de búsqueda y rescate de Grecia.

Luego, la Guardia Costera Helénica hizo un llamado de emergencia a un superyate de 175 millones de dólares que pasaba por ahí. La lujosa embarcación, propiedad familiar de un magnate de la plata mexicano, recogió y brindó auxilio a decenas de náufragos que intentaban llegar a Italia. Solo 104 hombres sobrevivieron.

Desde Europa, los corresponsales del Times Jason Horowitz y Matina Stevis-Gridneff escribieron:

La imagen incongruente de los sobrevivientes devastados desembarcando del Mayan Queen en un puerto de Kalamata la semana pasada subrayó lo que se ha convertido en la bizarra realidad del Mediterráneo moderno, un lugar donde los superyates de los megarricos, equipados con piscinas, jacuzzis, helipuertos y otras amenidades de lujo, comparten los mares con los más desamparados en botes operados por traficantes de forma riesgosa al cruzar del norte de África hacia Europa.

Hay versiones contradictorias sobre el motivo por el cual no se hicieron más esfuerzos de rescate o si se agotaron todas las vías para auxiliar a las víctimas. El capitán del superyate, en una breve entrevista, dijo: “Me gustaría pensar que es lo que cualquiera haría”.

Lo cierto, como escriben Jason y Matina, es que en el lapso de unos días, el mar pareció convertirse “en un reflejo de las desigualdades globales”.


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Los bolsos de lujo suelen ser caprichosos y extravagantes: como símbolo de estatus y expresiones de moda, la idea es que otros los vean (y los envidien). Esta semana se puso en subasta un bolso de lujo que pone de cabeza todo eso: un accesorio microscópico.

“Creo que ‘bolso’ es un objeto curioso porque proviene de algo rigurosamente funcional”, dijo en una entrevista Kevin Wiesner, director creativo del colectivo MSCHF. “Pero básicamente se ha convertido en una joya”.

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