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Solos y explotados – The New York Times

Entre los reporteros expertos en migración, que han cubierto la detención de niños en jaulas en la frontera de EE. UU. y el drama de la separación familiar, circulaba “un secreto a voces”: que muchos menores que llegan solos a Estados Unidos desempeñan trabajos que contravienen las leyes del trabajo infantil.

Hannah Dreier, reportera de investigación del Times, recordó que cuando se lo comentó a su editora, ella le pidió investigar. Así lo recordó Hannah en una entrevista reciente con David Leonhardt. Ese episodio fue el inicio de un trabajo periodístico para el que habló con más de 100 niños migrantes en 20 estados.

Durante meses, Hannah viajó por todo el país y halló adolescentes que zurcían ropa de la marca J. Crew, empacaban Cheerios, horneaban panes que se vendían en Target, ponían techos en Florida. Hacían su labor en las sombras, en condiciones peligrosas y desventajosas. Pero también había muchos adultos al tanto de la situación: profesores de secundaria frustrados ante el cansancio de sus estudiantes, trabajadores sociales atados de manos, algunos funcionarios preocupados.

En este reportaje, Hannah relata con escalofriante detalle la situación. Un día después de publicada la nota, el gobierno de Joe Biden anunció que tomaría cartas en el asunto.

Hannah respondió en exclusiva algunas preguntas para los lectores de este boletín.

Elda: En tu reportaje revelas que la situación de trabajo infantil en condiciones de explotación es amplia y generalizada. ¿Cuáles son las violaciones a la ley más flagrantes y comunes que viste?

Hannah: Vi todo tipo de transgresiones, desde niños que conducen excavadoras de 35 toneladas hasta chicos que trabajan todo el día en lugar de ir a la escuela. Pero las más comunes eran las violaciones a la prohibición federal de que los menores de 16 años trabajen después de las 7 p. m. entre semana. Con mayor frecuencia, estos chicos hacían el turno de la tarde, así que salían de la escuela y trabajaban hasta como la medianoche. Algunos trabajaban el turno de la madrugada y dormían en la tarde y luego trabajaban de medianoche hasta las 7 a. m. Las leyes federales de trabajo infantil están estructuradas para que los menores que deben ir a la escuela por ley puedan dormir el tiempo necesario. Estos chicos estaban desvelados crónicamente y muchos me dijeron que a menudo se sentían enfermos porque no descansaban lo suficiente.

E: El hecho de que haya leyes que regulan el trabajo infantil en EE. UU. significa que los menores tienen permitido laborar, ¿también los migrantes? ¿Puedes explicar cómo funciona?

H: En EE. UU., los chicos más grandes tienen permitido trabajar y algunos estudios muestran que de hecho puede ser útil que los adolescentes jóvenes tengan algún tipo de trabajo después de clases con horarios limitados. Por lo general, los menores están autorizados para laborar en restaurantes, tiendas de comestibles y muchos otros lugares, aunque legalmente los más jóvenes no pueden trabajar más de tres horas diarias. Los niños migrantes también podrían hacerlo, porque a menudo califican para obtener permisos de trabajo. El problema es que la mayoría de los chicos no cuentan con servicios legales para solicitarlos. Así que se quedan en la parte más subterránea de la economía, en los trabajos más peligrosos.

E: En tu reportaje llama mucho la atención el papel de los patrocinadores: adultos responsables que se comprometen a cuidar de los menores y que no siempre son sus parientes. ¿Un patrocinador puede perder su estatus? ¿Un niño puede denunciarlo? ¿Cómo?

H: En teoría, los menores pueden llamar a una línea telefónica nacional gratuita para pedir ayuda si su patrocinador los maltrata, y el adulto responsable podría tener que responder ante las autoridades. Pero nuestro reportaje descubrió que esta línea telefónica no tenía la política de devolver la llamada a los menores y que, con mucha frecuencia, la mayoría de los niños que hablan para pedir ayuda quedan a su suerte. El gobierno de Biden dijo la semana pasada que iba a cambiar esto, para que la línea de ayuda ahora se coordine de manera más eficiente con las autoridades. Esto podría significar que los chicos que llaman para denunciar que un patrocinador los está explotando laboralmente recibirían ayuda de forma más consistente.

E: Tu nota menciona al padre de un muchacho de 15 años que no sabía las condiciones en las que estaba su hijo. ¿Qué pueden hacer las familias para ayudar a estos chicos?

H: De verdad me conduelo con los padres de estos chicos. El padre que mencionas vivía en una casa con piso de tierra y sin agua corriente en una zona rural de Guatemala. Sus hijos a veces pasaban días sin comer. Habría preferido volver él mismo a trabajar a EE. UU. para enviar dinero, pero estaba seguro de que lo iban a devolver en la frontera. Así que la familia mandó a su hijo mayor a trabajar porque sabían que sería liberado con un patrocinador. Es una situación imposible para estas familias.

E: ¿Existen recursos para los menores que trabajan en estas condiciones?

H: Hay algunos grupos de derechos laborales que los están ayudando. Milk With Dignity en Vermont y WeCount! en Florida ayudan a enseñar a los menores sus derechos y apoyan para resistir el robo de salarios. Ahora mismo no existe ninguna agencia gubernamental que por sí sola tenga la responsabilidad de asistir a estos menores luego de que son liberados. Pero el gobierno de Biden ha dicho que es algo que están analizando.


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—Patricia Nieto y Sabrina Duque producen y editan este boletín.


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